lunes, 8 de junio de 2009

Análisis de las europeas (1ª parte)

Sí, eran una tontería de elecciones, pero siempre que se desarrolla un proceso electoral de forma normal en un país, en este caso en un continente, es para alegrarnos y para sacar conclusiones al respecto. En esta primera parte de mi análisis particular me gustaría hablar de algunos aspectos globales de estas elecciones.

En primer lugar creo que hay un claro triunfo del euroescepticismo. No sólo porque algunos partidos de este corte, como ha pasado en Gran Bretaña, hayan recibido un mayor apoyo en las urnas, sino porque el abstencionismo y el voto de la gente ha demostrado que "los europeos" no saben, no sabemos, que es Europa, no saben para qué sirve y muchos, entre los que unamunianamente me incluyo, somos antieuropeos.

Una de las razones por las que este blog no se ha actualizado durante las europeas es la indiferencia que me produce la idea de Europa y sus instituciones. Una mala copia del modelo de EEUU, pero que es irreproducible por la propia idiosincrasia de los países europeos. Querer y creer que Francia, Rumanía y Portugal van a compartir un bloque de principios básicos, económicos y no económicos, es un disparate.

Pero exceptuando al grupo de personas que podemos no sentir Europa y que creemos que es una mera institución para repartirse los dineros y malvesar fondos, se ha visto una vez más que a la mayoría de la gente no le importa Europa. Ningunas elecciones congregan a tan pocas personas delante de las urnas. Muy pocas elecciones cuentan con una participación por debajo de la mitad de los votantes potenciales. Lo cual demuestra inequivocamente la indiferencia que Europa produce y por ende la inutilidad que supone su existencia.

Y esto puede enlazarse con otra cosa, como es la posibilidad de que la gente no sepa muy bien qué es Europa. Y a ello contribuyen mucho los políticos nacionales, que hacen una campaña muy nacional y poco europea. De hecho al final un cuarto de lo que dicen en campaña se refiere a Europa y el resto se refiere a cosas que poco o nada tienen que ver con Europa. Por tanto tenemos un pastel con tres ingredientes básicos: indiferencia, pasotismo y desconocimiento a raudales.

Y ahora es preciso hacer énfasis en un dato que me alegra y nos da la razón a muchos de los que escribimos en las blogosfera, y es la evidencia de que las políticas conservadoras son las únicas capaces de solventar los grandes problemas a los que se enfrenta Europa en estos momentos. En tiempos de vacas gordas, la gente sucumbe al populismo barato de la izquierda, pero en épocas de dificultad, y la crisis económica lo es, la gente recurre a los partidos de corte conservador. ¿La razón? Es evidente. En el fondo nadie duda de su capacidad para liderar las grandes batallas y ser los que puedan solucionar los grandes asuntos de actualidad.

La victoria abrumadora de los partidos conservadores en Europa, o mejor dicho, el hundimiento pavoroso de la izquierda, demuestra que la gente sabe en manos de quién ponerse cuando las cosas se ponen difíciles. Saben que son las políticas económicas liberales las que pueden sacarnos de la crisis económica. Y saben que son los principios cristianos y liberal-conservadores los que pueden garantizar la superación de la crisis de valores que vive Europa en estos momentos.

Da pena ver que muchas veces sólo se recurre al centro-derecha en momentos de dificultad, que es cuando la gente se preocupa de su vida y de su bolsillo. Mientras que en momentos de bonanza se creen las consignas de los vendedores de humo y charlatanes de la izquierda, promulgadores del todo gratis e inventores de derechos inexistentes supuestamente pisoteados durante toda la historia de la humanidad.

Por lo tanto no puedo más que mostrar mi satisfacción por la victoria de la derecha europea en las elecciones de ayer. A pesar de que el Parlamento europeo no vale para casi nada, al menos los que allí se sienten serán personas con una cierta formación y unas ciertas facultades para representar a los ciudadanos de este continente unido de forma fictícia en la mente de muchos alegóricos. Otro asunto es lo que ha pasado en el reino de España. Pero eso queda para mañana.

5 comentarios:

Samuel dijo...

Parece que la población oscilara entre un desmedido idealismo progresista y más tarde se diera cuenta de que las políticas socialistas no sirven en épocas de crisis; una paradoja que quizás se explique simplemente con que hay un pequeño grupo de votantes que son los que deciden hacia dónde se decanta la balanza, sin que por eso pueda decirse que tienen convicciones liberales, sino simplemente que son realistas. Ahora bien, también existe un amplio espectro socialista que, al ver que las cosas no funcionan, lo achacan a la inoperancia del PSOE y prefieren quedarse en su casa, sin llegar nunca a cambiar de pensamiento. Es muy común la izquierda no practicante que, en ocasiones, acude a las urnas sólo cuando hay boda o entierro.

De todos modos, la derecha europea comparte en cierto modo con la izquierda cierto intervencionismo -de ahí que el euroescepticismo cunda más entre los votantes que entre los partidos- aunque por lo general no sean tan frívolamente irresponsables manejando el dinero ajeno.

Saludos.

Butzer dijo...

Como bien dices, los europeos no sabemos qué es Europa. Pero tampoco se nos quiere explicar, no sea que nos pongamos en contra.
Ya no hablemos de pedir nuestra opinión en cuanto al Tratado de Lisboa...
Un saludo.

José Enrique Carrero-Blanco Martínez-Hombre dijo...

Los dirigentes europeos no hacen mucho para acercar las instituciones comunitarias al pueblo. La gente tiene la idea de que sus gobiernos nacionales tienen gran peso en las decisiones que se toman en ámbito europeo, y no les falta razón. Hasta el Consejo europeo propone al Presidente de la Comisión. Entonces, ¿qué utilidad tiene elegir a diputados europeos?

Juan dijo...

Los socialistas caen en todos sitios menos en España y la verdad es que es de coña, pero son las peculiaridades de nuestro país.
Un abrazo

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Buen artículo, honestamente me apunto a la mayoría de las líneas de más arriba.