miércoles, 26 de marzo de 2008

La decadencia de la humanidad

Estoy totalmente de acuerdo con una afirmación de Sánchez Dragó, concretamente la aseveración de que la humanidad está en decadencia desde el siglo VI a.C. Evidentemente los pueblos que habitaron en Mesopotamia o el pueblo de Israel eran culturas mucho más ricas e interesantes que el Occidente del siglo XXI.

Más allá de esta evolución natural, o inevolución según se mire, fruto del esfuerzo del hombre por destrozarse a si mismo, nuestra sociedad actual vive de espaldas a la realidad y huye de todo lo que se aleje de los prototipos o tópicos previamente establecidos. Así surge la cultura de lo políticamente correcto y el "Donde va Vicente, donde va la gente".

No creo que ni el propio Aldous Huxley cuando escribió Brave New World (un mundo feliz) era consciente de la contemporaneidad de esa sociedad que inventaba y seguramente no hubiera creído que la sociedad pudiese llegar a tal extremo. Una sociedad de personas diseñadas en serie, donde lo diferente es mal visto y donde el guión de la película de tu vida está esbozado desde el principio. Se desprecia lo incorrecto, lo viejo, "lo demodé", lo imperfecto, lo deformado, lo feo y todo aquello que se sale del rebaño. Es la cima de la falsa belleza.

Así es fácil entender que una sociedad creada a imagen y semejanza del vacío moral e intelectual y recreada penosamente en torno a los becerros de oro y los encantadores de serpientes esté como está. Así se entiende que haya personas que defiendan ciegamente el aborto, personas que aplaudan la eutanasia, bailarines de la pena de muerte o lanzadores de dagas contra los discapacitados. Así se entiende el desarraigo de la gente, la despersonalización de la propia sociedad y el largo periplo hacia el vacío cultural y social.

Resultan interesantes unas palabras del papa Benedicto XVI el domingo de Pascua. Decía el papa: "Hoy, como hizo en Galilea con sus discípulos antes de volver al Padre, Jesús resucitado nos envía también a todas partes como testigos de su esperanza y nos garantiza: Yo estoy siempre con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28,20). Fijando la mirada del alma en las llagas gloriosas de su cuerpo transfigurado, podemos entender el sentido y el valor del sufrimiento, podemos aliviar las múltiples heridas que siguen ensangrentando a la humanidad, también en nuestros días".

Hoy la sociedad no es testigo de nada. La sociedad permanece impasible frente a las injusticias, impávida ante los horrores que azotan el mundo. No se sabe valorar el sufrimiento. Se hacen mofas de la resurrección y se desprecia el derecho a la vida. La humanidad está herida de muerte, desangrándose desde hace dos mil años, o según Dragó desde el siglo VI a.C. Todo hacer es conocer y todo conocer es hacer. Si no se conoce el sufrimiento no se puede amar a la vida. Si no se conoce a Dios no se puede disfrutar del amor.

¿A dónde va nuestra sociedad? Al abismo absoluto, al apocalipsis en que no vendrán los jinetes, sino los idiotas a dirigir el mundo. Todo plagado de hombres-masa moviendo la batuta y todos como el protagonista de Niebla de Unamuno, con la nube en los ojos y actuando como meros personajes de ficción. El sol está a la mitad de su vida. Sin embargo... ¿Llegará la humanidad a conocer el fin del sol?

3 comentarios:

Ramón_Lozano dijo...

qué pena me da no ser un buen católico, pues no comparto muchas de las cosas que has expuesto. Por ejemplo yo no tengo nada en contra de la eutanasia y tampoco creo que deba encontrar a Dios para encontrar el amor ni la felicidad. Pero supongo que estos son puntos de vista irreconciliables sobre este asunto.

un saludo, y a ver si arreglo el ordenador y puedo entrar más a menudo.

Andrés dijo...

Sólo te diré esto:

"Amor, Fuerza, Honor, Sacrifio, Trabajo, Verdad, Virtud"

Un abrazo

Alberto Esteban dijo...

Destacar eso del artículo, querido Ramón, es demasiado simplista.

Quizá para entender el fondo del artículo hay que leer a Nietchze, a Unamuno, a Ortega, a Dragó, a Ratzinger, a Huxley y a Michael Ende. Y si te animas con los evangelios, mejor aún.

Saludos